El precio del tener
Introducción
En este mundo capitalista donde nos miden por lo que tenemos no por lo
que somos, vale la pena pararse un momento para reflexionar sobre el camino que
lleva la sociedad, empezar de a poco a preguntarnos sobre la raíz de toda esta
locura del poseer. Vivir en una sociedad de consumo es nuestro destino, somos
parte de este modelo de vida, sin decidirlo, sino por el momento histórico y el
lugar geográfico donde nos tocó nacer, algo muy parecido a la religión ya que depende en gran medida de estas
dos variables mencionadas.
Vamos a tocar un tema muy sensible pero necesario, a todos nos cuesta
juzgar lo que somos y difícilmente tengamos la sabiduría para encarar una etapa
de revisión de ideas sin pasar por una de negación inicialmente, es difícil
criticar lo que hacemos todos los días, y por sobre todo es duro ver que somos
en gran medida, los oprimidos de este modelo de vida, en diferente medida, no
es lo mismo ser de clase alta, media o baja. Con ciertas variaciones podemos ver que la
historia se repite y nos da la oportunidad de clarificar y aportar ideas sobre
este tema tan importante en la actualidad que es el “TENER”.
Estas líneas además de ser un análisis de lo que se entiende por tener,
sus variables y consecuencias invisibles que quizás no vemos claramente,
abrumados por la locura del consumo, busca ser la excusa para hablar de los
problemas que tenemos como sociedad, de lo que generamos siendo parte y
reproduciendo un sistema que daña a la mayoría, engaña a unos cuantos ilusos y
realmente beneficia a muy pocos, estas son las famosas clase baja, media y alta, de las que vamos a
hablar en próximas líneas. El enfoque estará
en la clase media aquella clase indefinida que busca replicar costumbres de
clase alta, pero sus pesares son más parecidos a las clases bajas, aunque su
ego y vergüenza no le permitan identificar cuál es su verdadera posición en la
lucha por el tener. La clase que
hace grandes esfuerzos por el tener, aquella que se entrega a las deudas por
lograr ese confort que nos venden desde las publicidades, aquellas que nos
llevan a confundir la calidad de vida con las cantidades de cosas que poseemos,
aquella que olvida que vivimos en una sociedad y que antes que nuestra propia autorrealización
tenemos que velar por un desarrollo equitativo, ya que no estamos solos en este
mundo.
Vamos a hablar de una clase media que en lo más profundo de su ser sufre, es la mayor consumidora de fármacos,
aquella que acude con cada vez más regularidad en busca de los psicólogos para
resolver sus problemas, aquella que vive en la vorágine de ciudades devora
mentes que obligan a permanecer en un estando somnoliente para no darse cuenta
de la locura a la que nos enfrentamos día a día, como no darnos cuenta que cada
vez son más horas de trabajo para sostener el mismo nivel de vida, que cada vez
más las deudas son las verdades razones de nuestra opresión y dueñas de nuestro
destinos, los verdaderos verdugos de nuestra libertad. Nos venden piedritas de colores y nos sacan lo más preciado de nuestra
vida que es nuestro tiempo y nuestra calidad de vida.
¿Porque queremos
tener?
Tener es consumir, aprendemos desde muy pequeños las ventajas del tener,
nos lo inculcan de generación en generación, replicados principalmente por
medios de comunicación que son el espejo de la sociedad globalizada o única
como prefiero pensar, aquella sociedad que excluye lo diferente, que debilita
hasta matar todas aquellas posibles expresiones que salgan de lo que el sistema
tiene preparado para nosotros. Somos tan iguales que sorprende, estamos programados de tal manera que
sin darnos cuenta estamos en primer lugar siendo obligados a perder la magia de
lo nuevo, de la diversidad, de aquello que nos sorprenda, somos personas sin
sentimiento que pierden la capacidad nata de sorprenderse, la perdimos tanto
que cuando nos llega nos produce miedo y automáticamente huimos en lugar de
disfrutar, somos soldados en la causa de matar todo aquello que no esté en los
fetiches de la sociedad de consumo, de la burbuja de cristal que nos armaron,
como dice el dicho te venden la enfermedad y la cura en el mismo paquete. Lo más lindo del mundo son los diferentes
mundos que habitan el mundo, dice Eduardo Galeano, quien tiene mucho que
ver en que yo este escribiendo estas líneas.
¿y porque tenemos tantas ganas de tener? ¿cómo es este juego loco y sin
salida? si nos ponemos a pensar sobre el tema, tener es ser, no tenemos por
necesidad sino para pertenecer, a un estrato social, a un grupo de pertenencia,
o como se le quiera llamar. El que no tiene simula existir, es excluido de casi
todos los lugares posibles de sociabilización, o ¿alguien se imagina teniendo un
amigo que no tenga zapatillas?, o ¿una mujer que se fije en una persona que
solo tiene una muda de ropa y quizás no huele tan bien como lo requieren los estándares
de la seducción? o ¿alguien saldría a divertirse con una persona que no tenga
para pagar la entrada a un boliche o algo para tomar?, sin pensar en que difícilmente
esta persona llegue a los estándares que impone la moda actual, desde
vestimenta, hasta uso de la tecnología, hasta forma de hablar, acceso a las
redes sociales, en pocas palabas al estándar básico para ser alguien en la
sociedad. Por lo tanto, ser es tener, tener ese estándar mínimo y necesario
para ser una persona aceptada sin prejuicios iniciales. Quizás no lo notemos, quizás
tengamos que abrir un poco más los ojos, pero somos muy parecidos, a los
diferentes se los excluye de muchos ámbitos y forman diferentes tipos de minorías,
incluso en este sentido los ninguneamos con las palabras que usamos para
referirnos a ellos. Muchos porque no logran adaptarse a lo que exige la
sociedad para convertirse en personas, se alejan del estándar de diversión o de
persona interesante, y la gran mayoría porque no tienen el dinero para llegar a
ese mínimo que exige el tener o lo que es lo mismo el ser, este grupo que solo simula existir, los invisibles del tener.
Vamos a hablar de un
tema muy importante que Galeano Habla en su libro Patas para arriba, y tiene
que ver con la igualación y la desigualdad, ambas dictaduras y hermanas
gemelas. La publicidad iguala, manda a
consumir a todos por igual, pero la economía principal factor de desigualdad lo
prohíbe, es en cierta forma contradictorio un mundo así, o mantenerse cuerdo en un mundo así al
menos, ofrecen el banquete a todos, pero al momento de empezar se cierra la
puerta en las narices de las mayorías, hace una invitación al delito, lo cual
puede ser hasta de cierta forma entendible.
La sociedad o los
medio de comunicación que son los reproductores de los fundamentos sociales, te
dicen que tu vida comienza cuando tienes un celular de ultima generación, que
tu vida va a cambiar a partir de ese punto, y no es tu decisión enterarte de
esto sino que estás obligado a verlo porque simplemente esta en todos lados, la publicidad invasiva se las rebusca para
llegar donde estés sin distinción de clases y localización geográfica, no
diferencia villas de countries, encuentra siempre a su presa y entrega el
mensaje como un misil teledirigido, como un cartero responsable de esos que son
capaces de luchar contra el barro, lo perros, la falta de carteles con nombres
de las calles con tal de entregar el paquete. Simplemente no te podés
escapar, en este sentido claramente la sociedad iguala, todos necesitamos ese
celular para ser felices. Luego viene la parte donde te chocas con la realidad,
tú realidad, puede ser un celular o quizás el auto último modelo o tal vez la
casa en la playa, o más arriba el yate, o más arriba aun el cohete para viajar
a la luna, ¿quién sabe cuál será el límite de lo que podemos desear para
algunos?, la sociedad de consumo ira
decidiendo por nosotros cuales son nuestras futuras necesidades según nuestro nivel de ingreso. Como decíamos
siempre llega el punto donde el limite nos encuentra con un par de zapatos o
con un collar de diamantes, no importa el limite llega y todos lo conocemos y
luchamos para correrlo todos los días un poco más.
A veces me pregunto si somos conscientes del juego que estamos jugando,
de que somos participantes de reglas que no aceptamos y que pueden modificarse
constante mente sin nuestro consentimiento, un circulo que nunca se acaba. Cuando decidimos jugar al truco o al póker
conocemos las reglas por eso jugamos, pero que pasaría si esas reglas fueran
cambiando y nunca ganaríamos, no importa lo que hagamos no podremos llegar a
ese objetivo que es cerrar el juego a nuestro favor. ¿Entonces la publicidad invita al consumo o al delito?, ¿aquel que nos
roba en última instancia no quiere tener lo que nosotros tenemos?, ¿no está
buscando pertenecer a ese mundo en el que nosotros ya estamos viviendo?, y
alguno por ahí estará pensando que si no tienes celular no es tan grave
tampoco, en general el que piensa esto tiene su propio celular y para nada está
pensado en dejar de usarlo, es contradictorio pensar así sin saber el sabor que
tendría pasar por esa situación, ¿entonces a dónde vamos? ¿somos conscientes de
la sociedad que amparamos? Quizás se pueda vivir sin una casa de veraneo, pero
sin celular es más difícil, la sociedad te exige tener whatsapp para poder
comunicarnos, o facebook para poder conocernos, y para el que no lo tiene la
diferencia entre tenerlo y no, es la diferencia entre ser invisible o ser, mínimamente
poder ser.
Diferencia entre
necesidad y deseo
La pobreza ya no provoca indignación, es el sistema de recompensa y castigo el que los excluye, la eficiencia, la meritocracia, todas justificaciones para no ponerse a trabajar realmente en acabar con la pobreza del mundo, algo totalmente posible en la actualidad, el dinero que mueve la economía imaginaria de las bolsas en el mundo, las acciones, bonos y los miles de instrumentos financieros que dirigen la economía del mundo, terminarían varias veces con la pobreza si su función dejaría de ser jugar al casino e iría realmente a los que lo necesitan porque están pasando hambre o son explotados con sueldos de hambre que son sinónimos.
La necesidad es algo que necesitamos como sociedad es algo que se genera
para que todos en general vivamos mejor y tengamos una vida más simple, un deseo
es algo que nosotros como persona queremos, pero que es para nuestro placer no
incluye a los demás habitantes, incluso pocas veces nos preocupamos de los orígenes
de lo que compramos, no es muy importante saber si hubo explotación de personas o de la
naturaleza, no sé por qué, pero nos preocupamos a diario por la delincuencia
del pobre al rico, nunca prestamos atención a la delincuencia que se comete a
la inversa del rico al pobre y que afecta a muchas más personas que la
anterior.
Entonces como sociedad tenemos que aprender
a hacer de nuestros deseos necesidades, de esta forma tendríamos una sociedad
que prioriza el bien común en lugar de las egoístas necesidades de consumir.
Parece complejo, pero en realidad es simplemente consumir lo que todos podamos
consumir, terminar la explotación de muchos para unos pocos y también comenzar
a cuidar más el planeta que ya da señales claras de agotamiento, si no las
escuchamos podemos perder lo más preciado que tenemos, nuestro hogar.
La clase media
Hablar de clase media
es complejo y no es el objetivo de este texto, sin embargo, tenemos que aclarar
ciertas cosas que son interesantes y necesarias para enfocarse y para entender
mejor el punto al que nos dirigimos. Esta
clase media que ha superado las necesidades básicas y comenzó a cubrir las
necesidades que nos crea el mercado, no las que parten desde nuestro cuerpo
(como el hambre, el frio, la sed), marca el punto de partida del ser persona, ya
se puede estar tranquilo de entrar al selecto grupo de la clase media, ahora
puedo empezar a vivir un mundo más acorde a lo que nos muestran los medios.
Pero si analizamos un poco esta etapa veremos algunas particularidades:
Etapas del tener
Etapa uno, me tiendo ante las garras del dios del consumo, por miles de razones
que pueden ser desde publicitarias, hasta sociales, o hasta por un deseo
propio.
Etapa dos, trabajo duro para conseguir eso que quiero, no duermo por la ansiedad
de conseguir eso que no tengo.
Etapa tres, lo consigo, lo disfruto y lo muestro al mundo como mi logro, es mi
orgullo.
Etapa cuatro, Me acostumbro a eso que tengo, disfruto de los placeres que le da a mi
vida.
Etapa cinco, tengo miedo de perder eso que obtuve a partir de mi esfuerzo, este es
el momento es que compramos un seguro, o un servicio de vigilancia, esto dependerá
de las condiciones que el mercado impuso para proteger ese bien que
anteriormente nos vendió, recordemos que el mercado te vende todo lo que
necesitas. Ahora me toca no dormir por el pánico de perder lo que tengo.
Como vemos pasamos de un estado de necesidad a un estado de miedo,
cuando alguien tiene la sensación de miedo difícilmente piense en el otro, a su vez tampoco creo que nadie que
compre algo con su esfuerzo esté pensando en hacerle daño al otro, es algo muy
contradictorio pero real, estamos metidos es este cruel juego, no somos los que creamos las necesidades,
las tomamos del enorme muestrario que es el mercado y que nunca agota su
creatividad, siempre nos dará algo diferente o mejorara lo que ya tenemos,
nuestro destino es solo elegir cual de esos bienes nos hará más felices. En
este morboso juego están los que no tienen y que nunca tendrán, aunque se
esfuerzan este mundo no está pensado para que todos consumamos de una manera simétrica,
vivimos en el capitalismo el combustible de este sistema económico son los
pobres, ellos producirán los bienes que unos pocos consumirán.
Todos tenemos derecho a cubrir nuestras necesidades, pero claramente
algunos tienen más derechos que otros, y las oportunidades que parecen existir
son irreales el mundo no soportaría un nivel de consumo parejo para todos, eso
es una falacia, un cuento de hadas, este dato lo demuestra el estadounidense promedio consume al año tanto
como 50 haitianos, una sola persona vale por 50, y los datos son más extremos
aun si pensamos que el 1% más rico 70 mil personas de este mundo poseen tanta
riqueza como el 50% más pobre, 3500 millones de personas, tanto como China,
India y EEUU juntos. Entonces difícilmente nuestros bienes estén a salvo de
tanta necesidad y desigualdad, difícilmente sea coherente un mundo donde
millones mueren de hambre por día, para que algunos puedan mantener su nivel de
consumo, donde se gastan millones y millones de dólares en armamento para
defender lo que una pequeña burguesía de cada país concentra.
Padecer la realidad
en lugar de cambiarla
“Los ricos no viven en la ciudad donde viven, sino en burbujas con más
ricos para que nunca se les olvide lo que son. Crecen sin raíces, sin identidad
cultural, solo teniendo claro que más allá de las fronteras de los cercos
electrificados la gente es sucia, fea y ambiciosa, solo ven el peligro”. Así
describe Galeano la niñez de las clases altas sin embargo las clases media cada
vez se parecen más a estas ¿será ese el deseo que tenemos como padres?, Hoy tenemos escuelas para niños de su
clase, clubes deportivos para su clase, boliches para su clase y un sinnúmero de
otros sitios pensados para separar las personas que en la repartija de esta
desigual torta económica se quedaron sin porción y de los que recibieron
algunas migajas, la clase media. La hegemonía
del mercado está rompiendo los lazos de solidaridad, está haciendo trizas el
tejido social comunitario, ¿y que nos deja?, ¿Qué ganamos haciéndole creer a
nuestros hijos que los pobres son los enemigos o que tienen lo que se merecen
porque no se esfuerzan? Yo me pregunto ¿Qué responsabilidad puede tener un niño
que no tiene para comer? ¿para qué tenemos el estado? si cada vez se preocupa
más por defender a los que más tienen y deja solos a los que debería estar
protegiendo, el miedo y la falta de razonamiento están haciendo que los que nos
gobiernan estén creando un país donde las clases no solo existen, sino que están
separadas territorialmente, una real locura, es el principio del odio entre
clases y eso siempre termina mal. ¿Cómo puedo pelear por cambiar una realidad
que desconozco?, la burbuja que tenemos como coraza no deja relacionarnos
con personas de carne y hueso, iguales a nosotros, estamos enseñado a nuestros
hijos a separar no a unir, no hace mucho la escuela pública era el lugar de
ricos y pobres por igual, todos se educaban en el barrio con el mismo nivel y podían
al menos soñar con tener las mismas posibilidades, los amigos del barrio no se medían
por el nivel de ingreso de sus padres sino por el sentido de pertenencia del
lugar, todos jugaban juntos al futbol, el que tenía botines y el que jugaba descalzo.
Mucho cuidado con lo
que enseñamos porque podemos estar creando algo de lo que sin lugar a dudas nos
arrepentiremos, nuestro objetivo como padres es dejarles un mundo mejor a
nuestros hijos no peor y la responsabilidad no es solo de los que gobiernan
debemos hacernos cargo si pensamos cambiar algo de todo lo que está mal.
Si
queremos comenzar un proceso de libertad, especialmente material debemos
entender que el camino no es fácil, desaprender lo que ya no es bueno saber es más
difícil que aprenderlo, pero si no iniciamos si no comenzamos a construir sobre
las cenizas esto puede ser peor, el futuro de nuestros hijos y de todos los
hijos del mundo está en juego ¿perdemos o ganamos esta partida?








