El precio del tener

El precio del tener Introducción En este mundo capitalista donde nos miden por lo que tenemos no por lo que somos, vale la p...

jueves, 12 de octubre de 2017

El precio del tener


El precio del tener


Introducción


En este mundo capitalista donde nos miden por lo que tenemos no por lo que somos, vale la pena pararse un momento para reflexionar sobre el camino que lleva la sociedad, empezar de a poco a preguntarnos sobre la raíz de toda esta locura del poseer. Vivir en una sociedad de consumo es nuestro destino, somos parte de este modelo de vida, sin decidirlo, sino por el momento histórico y el lugar geográfico donde nos tocó nacer, algo muy parecido a la religión ya que depende en gran medida de estas dos variables mencionadas.
Vamos a tocar un tema muy sensible pero necesario, a todos nos cuesta juzgar lo que somos y difícilmente tengamos la sabiduría para encarar una etapa de revisión de ideas sin pasar por una de negación inicialmente, es difícil criticar lo que hacemos todos los días, y por sobre todo es duro ver que somos en gran medida, los oprimidos de este modelo de vida, en diferente medida, no es lo mismo ser de clase alta, media o baja. Con ciertas variaciones podemos ver que la historia se repite y nos da la oportunidad de clarificar y aportar ideas sobre este tema tan importante en la actualidad que es el “TENER”.   






Estas líneas además de ser un análisis de lo que se entiende por tener, sus variables y consecuencias invisibles que quizás no vemos claramente, abrumados por la locura del consumo, busca ser la excusa para hablar de los problemas que tenemos como sociedad, de lo que generamos siendo parte y reproduciendo un sistema que daña a la mayoría, engaña a unos cuantos ilusos y realmente beneficia a muy pocos, estas son las famosas clase baja, media y alta, de las que vamos a hablar en próximas líneas. El enfoque estará en la clase media aquella clase indefinida que busca replicar costumbres de clase alta, pero sus pesares son más parecidos a las clases bajas, aunque su ego y vergüenza no le permitan identificar cuál es su verdadera posición en la lucha por el tener. La clase que hace grandes esfuerzos por el tener, aquella que se entrega a las deudas por lograr ese confort que nos venden desde las publicidades, aquellas que nos llevan a confundir la calidad de vida con las cantidades de cosas que poseemos, aquella que olvida que vivimos en una sociedad y que antes que nuestra propia autorrealización tenemos que velar por un desarrollo equitativo, ya que no estamos solos en este mundo.

Vamos a hablar de una clase media que en lo más profundo de su ser sufre, es la mayor consumidora de fármacos, aquella que acude con cada vez más regularidad en busca de los psicólogos para resolver sus problemas, aquella que vive en la vorágine de ciudades devora mentes que obligan a permanecer en un estando somnoliente para no darse cuenta de la locura a la que nos enfrentamos día a día, como no darnos cuenta que cada vez son más horas de trabajo para sostener el mismo nivel de vida, que cada vez más las deudas son las verdades razones de nuestra opresión y dueñas de nuestro destinos, los verdaderos verdugos de nuestra libertad. Nos venden piedritas de colores y nos sacan lo más preciado de nuestra vida que es nuestro tiempo y nuestra calidad de vida.



¿Porque queremos tener?


Tener es consumir, aprendemos desde muy pequeños las ventajas del tener, nos lo inculcan de generación en generación, replicados principalmente por medios de comunicación que son el espejo de la sociedad globalizada o única como prefiero pensar, aquella sociedad que excluye lo diferente, que debilita hasta matar todas aquellas posibles expresiones que salgan de lo que el sistema tiene preparado para nosotros. Somos tan iguales que sorprende, estamos programados de tal manera que sin darnos cuenta estamos en primer lugar siendo obligados a perder la magia de lo nuevo, de la diversidad, de aquello que nos sorprenda, somos personas sin sentimiento que pierden la capacidad nata de sorprenderse, la perdimos tanto que cuando nos llega nos produce miedo y automáticamente huimos en lugar de disfrutar, somos soldados en la causa de matar todo aquello que no esté en los fetiches de la sociedad de consumo, de la burbuja de cristal que nos armaron, como dice el dicho te venden la enfermedad y la cura en el mismo paquete. Lo más lindo del mundo son los diferentes mundos que habitan el mundo, dice Eduardo Galeano, quien tiene mucho que ver en que yo este escribiendo estas líneas.






¿y porque tenemos tantas ganas de tener? ¿cómo es este juego loco y sin salida? si nos ponemos a pensar sobre el tema, tener es ser, no tenemos por necesidad sino para pertenecer, a un estrato social, a un grupo de pertenencia, o como se le quiera llamar. El que no tiene simula existir, es excluido de casi todos los lugares posibles de sociabilización, o ¿alguien se imagina teniendo un amigo que no tenga zapatillas?, o ¿una mujer que se fije en una persona que solo tiene una muda de ropa y quizás no huele tan bien como lo requieren los estándares de la seducción? o ¿alguien saldría a divertirse con una persona que no tenga para pagar la entrada a un boliche o algo para tomar?, sin pensar en que difícilmente esta persona llegue a los estándares que impone la moda actual, desde vestimenta, hasta uso de la tecnología, hasta forma de hablar, acceso a las redes sociales, en pocas palabas al estándar básico para ser alguien en la sociedad. Por lo tanto, ser es tener, tener ese estándar mínimo y necesario para ser una persona aceptada sin prejuicios iniciales. Quizás no lo notemos, quizás tengamos que abrir un poco más los ojos, pero somos muy parecidos, a los diferentes se los excluye de muchos ámbitos y forman diferentes tipos de minorías, incluso en este sentido los ninguneamos con las palabras que usamos para referirnos a ellos. Muchos porque no logran adaptarse a lo que exige la sociedad para convertirse en personas, se alejan del estándar de diversión o de persona interesante, y la gran mayoría porque no tienen el dinero para llegar a ese mínimo que exige el tener o lo que es lo mismo el ser, este grupo que solo simula existir, los invisibles del tener.

Vamos a hablar de un tema muy importante que Galeano Habla en su libro Patas para arriba, y tiene que ver con la igualación y la desigualdad, ambas dictaduras y hermanas gemelas. La publicidad iguala, manda a consumir a todos por igual, pero la economía principal factor de desigualdad lo prohíbe, es en cierta forma contradictorio un mundo así, o mantenerse cuerdo en un mundo así al menos, ofrecen el banquete a todos, pero al momento de empezar se cierra la puerta en las narices de las mayorías, hace una invitación al delito, lo cual puede ser hasta de cierta forma entendible.

La sociedad o los medio de comunicación que son los reproductores de los fundamentos sociales, te dicen que tu vida comienza cuando tienes un celular de ultima generación, que tu vida va a cambiar a partir de ese punto, y no es tu decisión enterarte de esto sino que estás obligado a verlo porque simplemente esta en todos lados, la publicidad invasiva se las rebusca para llegar donde estés sin distinción de clases y localización geográfica, no diferencia villas de countries, encuentra siempre a su presa y entrega el mensaje como un misil teledirigido, como un cartero responsable de esos que son capaces de luchar contra el barro, lo perros, la falta de carteles con nombres de las calles con tal de entregar el paquete. Simplemente no te podés escapar, en este sentido claramente la sociedad iguala, todos necesitamos ese celular para ser felices. Luego viene la parte donde te chocas con la realidad, tú realidad, puede ser un celular o quizás el auto último modelo o tal vez la casa en la playa, o más arriba el yate, o más arriba aun el cohete para viajar a la luna, ¿quién sabe cuál será el límite de lo que podemos desear para algunos?, la sociedad de consumo ira decidiendo por nosotros cuales son nuestras futuras necesidades según nuestro nivel de ingreso. Como decíamos siempre llega el punto donde el limite nos encuentra con un par de zapatos o con un collar de diamantes, no importa el limite llega y todos lo conocemos y luchamos para correrlo todos los días un poco más.






A veces me pregunto si somos conscientes del juego que estamos jugando, de que somos participantes de reglas que no aceptamos y que pueden modificarse constante mente sin nuestro consentimiento, un circulo que nunca se acaba. Cuando decidimos jugar al truco o al póker conocemos las reglas por eso jugamos, pero que pasaría si esas reglas fueran cambiando y nunca ganaríamos, no importa lo que hagamos no podremos llegar a ese objetivo que es cerrar el juego a nuestro favor. ¿Entonces la publicidad invita al consumo o al delito?, ¿aquel que nos roba en última instancia no quiere tener lo que nosotros tenemos?, ¿no está buscando pertenecer a ese mundo en el que nosotros ya estamos viviendo?, y alguno por ahí estará pensando que si no tienes celular no es tan grave tampoco, en general el que piensa esto tiene su propio celular y para nada está pensado en dejar de usarlo, es contradictorio pensar así sin saber el sabor que tendría pasar por esa situación, ¿entonces a dónde vamos? ¿somos conscientes de la sociedad que amparamos? Quizás se pueda vivir sin una casa de veraneo, pero sin celular es más difícil, la sociedad te exige tener whatsapp para poder comunicarnos, o facebook para poder conocernos, y para el que no lo tiene la diferencia entre tenerlo y no, es la diferencia entre ser invisible o ser, mínimamente poder ser.



Diferencia entre necesidad y deseo

La pobreza ya no provoca indignación, es el sistema de recompensa y castigo el que los excluye, la eficiencia, la meritocracia, todas justificaciones para no ponerse a trabajar realmente en acabar con la pobreza del mundo, algo totalmente posible en la actualidad, el dinero que mueve la economía imaginaria de las bolsas en el mundo, las acciones, bonos y los miles de instrumentos financieros que dirigen la economía del mundo, terminarían varias veces con la pobreza si su función dejaría de ser jugar al casino e iría realmente a los que lo necesitan porque están pasando hambre o son explotados con sueldos de hambre que son sinónimos.
La necesidad es algo que necesitamos como sociedad es algo que se genera para que todos en general vivamos mejor y tengamos una vida más simple, un deseo es algo que nosotros como persona queremos, pero que es para nuestro placer no incluye a los demás habitantes, incluso pocas veces nos preocupamos de los orígenes de lo que compramos, no es muy importante saber si hubo explotación de personas o de la naturaleza, no sé por qué, pero nos preocupamos a diario por la delincuencia del pobre al rico, nunca prestamos atención a la delincuencia que se comete a la inversa del rico al pobre y que afecta a muchas más personas que la anterior.  



Entonces como sociedad tenemos que aprender a hacer de nuestros deseos necesidades, de esta forma tendríamos una sociedad que prioriza el bien común en lugar de las egoístas necesidades de consumir. Parece complejo, pero en realidad es simplemente consumir lo que todos podamos consumir, terminar la explotación de muchos para unos pocos y también comenzar a cuidar más el planeta que ya da señales claras de agotamiento, si no las escuchamos podemos perder lo más preciado que tenemos, nuestro hogar.


La clase media

Hablar de clase media es complejo y no es el objetivo de este texto, sin embargo, tenemos que aclarar ciertas cosas que son interesantes y necesarias para enfocarse y para entender mejor el punto al que nos dirigimos. Esta clase media que ha superado las necesidades básicas y comenzó a cubrir las necesidades que nos crea el mercado, no las que parten desde nuestro cuerpo (como el hambre, el frio, la sed), marca el punto de partida del ser persona, ya se puede estar tranquilo de entrar al selecto grupo de la clase media, ahora puedo empezar a vivir un mundo más acorde a lo que nos muestran los medios. Pero si analizamos un poco esta etapa veremos algunas particularidades:

Etapas del tener

Etapa uno, me tiendo ante las garras del dios del consumo, por miles de razones que pueden ser desde publicitarias, hasta sociales, o hasta por un deseo propio.    

Etapa dos, trabajo duro para conseguir eso que quiero, no duermo por la ansiedad de conseguir eso que no tengo.

Etapa tres, lo consigo, lo disfruto y lo muestro al mundo como mi logro, es mi orgullo.

Etapa cuatro, Me acostumbro a eso que tengo, disfruto de los placeres que le da a mi vida.

Etapa cinco, tengo miedo de perder eso que obtuve a partir de mi esfuerzo, este es el momento es que compramos un seguro, o un servicio de vigilancia, esto dependerá de las condiciones que el mercado impuso para proteger ese bien que anteriormente nos vendió, recordemos que el mercado te vende todo lo que necesitas. Ahora me toca no dormir por el pánico de perder lo que tengo.
 





Como vemos pasamos de un estado de necesidad a un estado de miedo, cuando alguien tiene la sensación de miedo difícilmente piense en el otro, a su vez tampoco creo que nadie que compre algo con su esfuerzo esté pensando en hacerle daño al otro, es algo muy contradictorio pero real, estamos metidos es este cruel juego, no somos los que creamos las necesidades, las tomamos del enorme muestrario que es el mercado y que nunca agota su creatividad, siempre nos dará algo diferente o mejorara lo que ya tenemos, nuestro destino es solo elegir cual de esos bienes nos hará más felices. En este morboso juego están los que no tienen y que nunca tendrán, aunque se esfuerzan este mundo no está pensado para que todos consumamos de una manera simétrica, vivimos en el capitalismo el combustible de este sistema económico son los pobres, ellos producirán los bienes que unos pocos consumirán.  

Todos tenemos derecho a cubrir nuestras necesidades, pero claramente algunos tienen más derechos que otros, y las oportunidades que parecen existir son irreales el mundo no soportaría un nivel de consumo parejo para todos, eso es una falacia, un cuento de hadas, este dato lo demuestra el estadounidense promedio consume al año tanto como 50 haitianos, una sola persona vale por 50, y los datos son más extremos aun si pensamos que el 1% más rico 70 mil personas de este mundo poseen tanta riqueza como el 50% más pobre, 3500 millones de personas, tanto como China, India y EEUU juntos. Entonces difícilmente nuestros bienes estén a salvo de tanta necesidad y desigualdad, difícilmente sea coherente un mundo donde millones mueren de hambre por día, para que algunos puedan mantener su nivel de consumo, donde se gastan millones y millones de dólares en armamento para defender lo que una pequeña burguesía de cada país concentra.  


Padecer la realidad en lugar de cambiarla

“Los ricos no viven en la ciudad donde viven, sino en burbujas con más ricos para que nunca se les olvide lo que son. Crecen sin raíces, sin identidad cultural, solo teniendo claro que más allá de las fronteras de los cercos electrificados la gente es sucia, fea y ambiciosa, solo ven el peligro”. Así describe Galeano la niñez de las clases altas sin embargo las clases media cada vez se parecen más a estas ¿será ese el deseo que tenemos como padres?, Hoy tenemos escuelas para niños de su clase, clubes deportivos para su clase, boliches para su clase y un sinnúmero de otros sitios pensados para separar las personas que en la repartija de esta desigual torta económica se quedaron sin porción y de los que recibieron algunas migajas, la clase media. La hegemonía del mercado está rompiendo los lazos de solidaridad, está haciendo trizas el tejido social comunitario, ¿y que nos deja?, ¿Qué ganamos haciéndole creer a nuestros hijos que los pobres son los enemigos o que tienen lo que se merecen porque no se esfuerzan? Yo me pregunto ¿Qué responsabilidad puede tener un niño que no tiene para comer? ¿para qué tenemos el estado? si cada vez se preocupa más por defender a los que más tienen y deja solos a los que debería estar protegiendo, el miedo y la falta de razonamiento están haciendo que los que nos gobiernan estén creando un país donde las clases no solo existen, sino que están separadas territorialmente, una real locura, es el principio del odio entre clases y eso siempre termina mal. ¿Cómo puedo pelear por cambiar una realidad que desconozco?, la burbuja que tenemos como coraza no deja relacionarnos con personas de carne y hueso, iguales a nosotros, estamos enseñado a nuestros hijos a separar no a unir, no hace mucho la escuela pública era el lugar de ricos y pobres por igual, todos se educaban en el barrio con el mismo nivel y podían al menos soñar con tener las mismas posibilidades, los amigos del barrio no se medían por el nivel de ingreso de sus padres sino por el sentido de pertenencia del lugar, todos jugaban juntos al futbol, el que tenía botines y el que jugaba descalzo.






Mucho cuidado con lo que enseñamos porque podemos estar creando algo de lo que sin lugar a dudas nos arrepentiremos, nuestro objetivo como padres es dejarles un mundo mejor a nuestros hijos no peor y la responsabilidad no es solo de los que gobiernan debemos hacernos cargo si pensamos cambiar algo de todo lo que está mal.

Si queremos comenzar un proceso de libertad, especialmente material debemos entender que el camino no es fácil, desaprender lo que ya no es bueno saber es más difícil que aprenderlo, pero si no iniciamos si no comenzamos a construir sobre las cenizas esto puede ser peor, el futuro de nuestros hijos y de todos los hijos del mundo está en juego ¿perdemos o ganamos esta partida?







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